Llega de Miami con su Smartphone a la mano, no llego a pie, tampoco a mula, llego montada en un avión a gozarse nuestro carnaval; le dicen Globalización y aunque hace 500 años venia en barco o chalupa, ahora llega cada vez mas rápido, cambiando nuestras tendencias y costumbres.
Ella que vino hace también medio milenio, guapachosa y altanera, nos inunda con sus ideas, con sus polleras españolas y con sus percusiones africanas, llenando nuestras tierras de sabores tan complejos como su existencia ¡es que ni ella misma sabe que habla! por eso se comunica con el lenguaje más puro, con el de la tambora que hace retumbar las tierras indígenas y que llama a la mezcla y a la comunión. Y es que así, con ese toque, convirtió y convierte nuestro carnaval en fruto de lo colectivo, en el tesoro que enriqueces tú, que enriquece ella, que enriquezco yo y que enriquecen todos; por eso mejor no enamorarse de sus cadenciosas caderas.


Ella con su sarcasmo, logra que los cánticos religiosos aquí sepan a letanía, que las mejillas rosadas, aquí sean una mofa de los congós, y que las mujeres que esperan encontrar algunos en la cama, no sean más que unas farotas de Talaigua.

Y al final de cuentas, cuando se vuelve a ir de recorrido por el mundo, al menos nos deja el carnaval como máximo goce pagano, como orgasmo de Joselitos y lloronas que no quieren que llegue el miércoles de ceniza.

Tal vez, y para culminar, así como ella, también sea Diseño, damas que van por el mundo colocando un poco de ellas y recibiendo mucho, dejando una estela tan inmaterial como su presencia y viviendo de Diseñadores, tal cual Joselito en cada noche de Guacherna.