Post de Bololó Lab como invitados en la web Atanquez.com.

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Para nosotros todo empezó hace dos años cuando, en una de las ventanas de la identidad en la sala de la Gente del Museo del Caribe, nos percatamos de una celebración muy colorida, con elementos muy similares a los que vemos en el Carnaval de Barranquilla y de la cual nunca habíamos escuchado: El Corpus Christi de Atánquez, Cesar.

Para entrar en materia te recomendamos leer: El origen del Corpus Christi en el Caribe Colombiano.

En esta población de las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, la celebración del Corpus Christi sólo se da un Jueves cada 365 días, y éste año por fin pudimos apartar la fecha de compromisos de trabajo y organizar el viaje para vivir de cerca esta emblemática celebración Kankuama.

Por medio de Internet hicimos contacto con Souldes Maestre, un joven descendiente de los kankuamos, comunicador, que junto con sus compañeros se ha tomado el trabajo de poner a su pueblo y al Corpus Christi atanquero en el mapa mundial de la red. Gracias al invaluable apoyo de Souldes pudimos llegar a Atánquez y conocer de cerca su tradición.

Para llegar a Atánquez desde Barranquilla, la ruta es por Valledupar. Una vez en la capital del Cesar, en la Galería Popular tomamos un vehículo particular colectivo que salió por el Puente de Hurtado, el mismo que custodia la Sirena. Luego de un tiempo en el camino se cruza el famoso río Badillo y parecía que hubiésemos entrado en otro mundo.

A medida que subíamos, el Caribe tropical seco se transformaba en selvas húmedas y nubladas, ríos de aguas claras con brisa fría de la Sierra y rocas blancas, puras, salpicando el verde paisaje del Cesar.

Atánquez

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Atánquez, Cesar

Un par de horas tras dejar Valledupar se llega a Atánquez, nuestro destino. Un pueblo empedrado dentro del recién creado resguardo Kankuamo donde hoy habitan descendientes de indígenas, pero también todo tipo de mestizos.

Los kankuamos son uno de los 4 pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Según nos cuenta Souldes Maestre, nuestro amigo, guía y anfitrión kankuamo, a ellos se les encargó la tarea de resistir. Tal vez por eso Atánquez significa “Trabajo, lucha y defensa”. Los Kankuamos fueron la etnia que más colisionó con las costumbres occidentales, perdieron su lengua y muchas de sus tradiciones, pero hoy se encuentran en un proceso de reetnización y afirmación de su orgullo ancestral, proceso en el cual el Corpus Christi es un elemento fundamental.

Por eso decidimos ir no sólo el Jueves y devolvernos el mismo día, sino pernoctar allá y vivir el ambiente de antes y después, de modo que pudiéramos acercarnos un poco más al significado de esta celebración, cómo todos se preparan en la noche anterior, qué ocurre durante la procesión y también qué pasa luego de que todas las danzas cumplen con sus promesas en la plaza.

La víspera, leyendas y el nacimiento de una Cucamba

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La noche anterior al Jueves de Corpus Christi, los danzantes se reúnen en un lugar llamado “El Coco” para el recorrido de las seis, sin uniformes ni indumentaria. Desde allí toman el camino que andarán al día siguiente hacia la plaza, llueva, truene o relampaguee.

Esa misma noche, nuestro amigo Souldes nos llevó a visitar a un miembro de la Danza de las Cucambas mientras tejía su saya y preparaba su sombrero. Conoce aquí qué es una Cucamba.

El sombrero de las cucambas tiene forma de cono. Su cuerpo es de cartón, está cubierto de plumas de gallo, con un pico de madera saliendo de su parte media y cintas de colores en su cima.

La saya está hecha de una palma llamada dugao. Se dice que esta planta crece en los manantiales arriba en la Sierra y cada danzante recoge la suya todos los años para elaborar su saya de Cucamba. Esta planta absorbe mucha agua, por eso se mantendrá de un color verde vibrante, sin marchitarse durante varios días. Esta humedad confiere a la saya un peso considerable, más del que podría percibirse a simple vista.

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La Cucamba es un ave sagrada que, representando al bien, venció al diablo en la cima de una montaña.

El peso de la saya y la extenuante jornada de danzas son un aspecto clave de las danzas del Corpus Christi de Atánquez: su finalidad principal no es el esparcimiento o el espectáculo. Estas danzas requieren de un compromiso, y constituyen para los kankuamos una ofrenda, un sacrificio o una forma de devoción para dar gracias al Sol, a la Madre Tierra o a Dios por los beneficios recibidos, por la salud, o como una forma de cumplir las promesas dadas a personas importantes en la vida de cada danzante.

Por otro lado, tuvimos la oportunidad de conocer dos leyendas de Atánquez: la Kanduruma y el Silvorcito, historias que compartiremos próximamente en el marco de Leyendas del Caribe.

El Corpus Christi

En el día del Corpus Christi como tal, las Danzas de Cucambas, Negros, Negritas y Diablos se levantan en la madrugada a prepararse, se reúnen nuevamente en El Coco y salen en numerosos y compactos grupos hacia la plaza. Por nuestra parte, desayunamos y salimos al encuentro de las danzas mientras bajaban por las calles de piedra, hacia la Plaza.

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Desayuno Atanquero, bollo limpio con carne molida.
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Danza de cucambas
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Niños de la danza de diablos
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Negritas
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Con la máscara el sr. Silvio Jiménez, Capitán de los Diablos del Corpus
de Valledupar. Invitados al Corpus Christi de Atánquez.
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Quienes deben cumplir los horarios primero son las Cucambas y los Diablos. La danza de Negros es la más numerosa, goza de gran respeto y de alguna manera tiene licencia de tomarse su propio tiempo deteniéndose a versear en los altares. En cada altar se hace un verso diferente, correspondiente a distintos significados asociados a ese lugar. A medio día, todas las danzas se citan en la Plaza para atender la misa.

Luego de la misa ocurre algo extraordinario. Las danzas se inclinan ante el ‘Corpus Christi’ y éste, representado en la Custodia en forma de Sol, recorre el pueblo siguiendo la línea de antiguos sitios de pagamento y de recuerdos importantes para la comunidad. Esta es una muestra del impresionante sincretismo religioso entre el cristianismo y el culto indígena al Sol que se dio en Atánquez. Todas las danzas deberán mirar de frente al ‘Corpus Christi’, o sea que danzarán de espaldas toda la tarde por las empinadas y empedradas calles de Atánquez hasta regresar una vez más a la Iglesia.

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La visita de los diablos

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El mismo recorrido se hará, por tercera vez, a las 6 de la tarde. Una vez pagados todos sus compromisos o promesas, las danzas recorrerán las casas de todos los danzantes, un largo proceso que termina en altas horas de la noche. Es admirable la energía, el esfuerzo y el compromiso para cumplir con esa extensa jornada de danzas.

Pudimos asistir a una de esas visitas de la danza de los Diablos mientras visitaba uno de sus integrantes más importantes, en un sector popular de Atánquez. Los diablos usan un cuero de ovejo, espejos, espuelas, cascabeles y otros amuletos. En sus visitas, el baile dejó de tener una connotación de procesión y se tornó más libre, con rondas, breves duelos de espuelas y efusivos gestos, saltos y exclamaciones que nos llevaron nuevamente a tiempos remotos. El ‘churro’, ‘chirrinche’, licor de caña o de panela, fluía libremente.

En estos momentos los capitanes y miembros más experimentados daban muestra de sus habilidades de baile a los más pequeños.

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Danza de diablos durante una de sus visitas. Los bailadores más experimentados al frente.

El jefe de la danza de Negros

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El sr. Rafael Andrés Carrillo, director de la danza de Negros de Atánquez

En ese período tuvimos la fortuna de conocer al director de la respetada danza de Negros, el señor Rafael Andrés Carrillo, quien orgullosamente nos contó sobre su liderazgo de más de 30 años, con el cual la danza se volvió la más numerosa en Atánquez.

Este señor de edad avanzada, vestido impecablemente con camisa, pantalón y un colorido sombrero de flores, nos explicó varios aspectos muy importantes de la danza de negros.
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Por ejemplo, el sombrero de flores de la danza de Negros, uno de sus elementos más representativos, es una forma de ofrenda que llevan sobre sí. Los Negros también llevan grandes machetes de madera, pintados con todo tipo de motivos religiosos, dibujos de la misma danza o rostros de personas importantes para el bailador. Las Negritas permiten la participación de mujeres y de hombres, llevan faldones de colores, sombreros con largas cintas y sus pasos son diferentes a los Negros.

 

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Danza de Negros

La Octava

Ocho días después de la extraordinaria experiencia del Corpus Christi sucede ‘La Octava’. En ésta, los danzantes del Corpus adivinan el destino en las nubes naranjas del amanecer y se da lugar a una lucha simbólica entre el bien y el mal. Para conocer sobre esta etapa de la tradición de Atánquez, invitaremos a nuestro amigo, comunicador y guía kankuamo, Souldes Maestre a brindarnos su visión.

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Recomendado:
‘Corpus Christi en Atánquez: Identidades diversas en un contexto de reetnización’