Lo que me pasaba por la mente en el concierto de Bomba Estéreo en la Aduana – Dale Vatio – no fueron solamente elogios hacia la musica que se tocó por parte de todos los grupos, sino también preguntas y comparaciones constantes con otros eventos a los que estamos acostumbrados en Barranquilla, como el concierto de Don Omar en el Tomás Arrieta.
Sin pagar una boleta cara, sin filas agresivas y sin aburrirse con presentadores ridículos gritando a las mujeres solteras o a los hombres perros mientras esperas la música, Dale Vatio me divirtió desde el mismo momento en el que entré, sin silencios incómodos, con la sensación de estar consumiendo cultura, cosa que no ocurrió en el Tomás Arrieta. Llegué a sentir incluso que Dale Vatio, siendo gratuito, “pagó” todas las dificultades que pasamos en el otro evento.
Aparte de la música magnífica en la Aduana, el ambiente era genial, todo el mundo disfrutaba sin rodeos, no noté jamás a alguien desanimado. ¿Por qué en el Tomás Arrieta o en el Festival de Orquestas no se ve esto? ¿por qué aquí en la Aduana no hay empujones en las filas, o largas esperas con baches de sonido? ¿por qué aquí nadie lanza objetos al aire? ¿por qué no hay aguacatados con sueño?.
La respuesta podría estar en que hay eventos que se hacen sin interés en el público, sólo para ganar billete, sin fondo cultural sólo comercial, que no inspiran respeto. Y hay otros eventos que son abiertos, hechos con conciencia para conectarse con nosotros, para envolver al público y darle un espacio a otros géneros musicales que dan más la cara por nuestras raíces que el reggaetón y el nuevo vallenato. Eventos que inspiran cultura, respeto, y en los que así te diviertes como nunca.
Por un momento en la Aduana, sentí que estaba más que en un evento de Barranquilla, en un evento internacional. Mi hermano dijo lo mismo de la Noche del Río. De ahora en adelante escogeré mejor cómo invertir mi tiempo en Carnavales: eventos bacanos, asequibles, con cultura y con conciencia, como el de Bomba Estéreo.