El río Magdalena está tratando de decirnos algo.

La naturaleza y la historia hablan por sí mismas. El Río Grande de la Magdalena, Yuma (Río Amigo), Arli, Huacayo, Karakali, Gran Río de los Caimanes -aquí donde desemboca- muere, y lo rematamos literalmente los de esta ciudad, que como tantas le debe su existencia.

La cantidad de sedimento que arroja el Magdalena no es más que su condición natural, por más draga que se le tire. Como sostiene la sabiduría indígena, cada cosa en la naturaleza tiene su razón de ser, y la del Magdalena es dejar sedimento y nutrientes a lo largo de toda la rivera y en el mar.

Para los que no lo saben, antes de 1900 no existían los tajamares de Bocas de Ceniza que cantamos por inercia en nuestro himno. Ese fue un proyecto sin sentido de la ilustre clase política -y apellidos que todavía se ven en los periódicos- para ganarse un billete a costa del gobierno nacional. En su época, el proyecto generó protestas por retrasos en las obras y por su cuestionable utilidad.

Antes de eso, la desembocadura era un delta de gran riqueza biológica, con muchas bocas de difícil acceso para los barcos que dinamitamos y volvimos una sola boca que escupe ceniza al mar. Desembocadura que hoy tiene cierto encanto, pero que desde el satélite mancha todas las playas de aquí a Puerto Colombia, sin mencionar los efectos de la contaminación y la pobreza a su alrededor.

Por ese difícil acceso, los barcos debian tocar puerto en Sabanilla, mover la carga por tierra hasta llegar a una zona más navegable del río: Las Barrancas. Si el río hubiera sido totalmente navegable, fácil, todos los barcos hubieran seguido directo al interior, Barranquilla no habría tenido su razón de existir.

Así que el lugar donde estamos parados prosperó por ser un punto de embarque que surgió gracias al difícil acceso por la desembocadura, protegida por las islas de sedimento que el Río está tratando de crear de nuevo, y que, como Sísifos, tratamos de dragar eternamente, vaciando los bolsillos que podrían alimentar a esta ciudad. Y es que es inútil dragar además por el sedimento que viene de río arriba, resultado de la erosión por tala de bosques para urbanizaciones, cultivos y ganadería extensivos. En vez de dragar, el dinero podría levantar un puerto donde de verdad sea útil para nosotros: en el mar.

Creo que lo mejor que podemos hacer para reivindicarnos con nuestra historia y con nuestro futuro como ciudad, es dejar que el Magdalena cumpla su razón de existir.


Más sobre el tema (Bquilla 20.05)

Libro recomendado