El ilustrador José Rosero nos cuenta que la gestión de espacios para la creatividad es tan importante como la creatividad misma, y requiere comparables cantidades de talento. Así, terminó organizando el Congreso Internacional de Ilustración en la Feria del Libro de Bogotá, y Casatinta, un espacio para los ilustradores.


Por José Rosero / @roserismo

A Abril,
Estefanía,
Diana, 
Los Plop,
y todos los invisibles. 

Fin del Mundo (2013). José Rosero.

La ilustración me parecía siempre un arte desterrado. En las artes plásticas y gráficas como en la literatura y la comunicación, hablar de ilustradores era como hablar de refugiados; personajes borrosos que buscaban espacio para sembrar sus ideas, casi como una inversión a ciegas y con frutos a veces frustrantes. Ese camino que había elegido se convertía en un sendero complejo que tenía dos formas de ser tomado: por un lado, como un territorio difícil, poco valorado y subestimado, lo cual podría implicar un pálido desarrollo profesional. Pero por otro, como un campo casi vacío donde se podía experimentar constantemente, proponer y moverse.

 

En general resultaba un arma de doble filo vivir en territorio de otros. Aunque la adaptación no era difícil nunca resultaba gratificante. Es como ir a dormir un tiempo en casa de amigos. Puede que te traten muy bien y logres conciliar el sueño, pero algo en ti sabe que no perteneces allí. Al final cada cual vela por su corrillo. Entonces, para los desterrados, un territorio. Y fue allí, con esa decisión en el estómago que también empecé a trabajar en gestionar, con más errores que aciertos, pero con dos hijos que van creciendo con el tiempo: CasaTinta y el Congreso Internacional de Ilustración en Bogotá.

Galería de CasaTinta

Hablar de trabajo en las artes generalmente implica hablar de la producción de obra: crear imágenes que formen un portafolio contundente. Hacer proyectos de libros para presentar a editoriales. Generar producción para tener más votos y popularidad en las redes. Publicar los dibujos en revistas o periódicos. Formar así cierto nombre que implique aceptación, reconocimiento, fama y más trabajo. Todo ello con una dirección trabajar disciplinadamente y en solitario.

Las escuelas de arte enfocan sus programas dando por hecho que los estudiantes jóvenes y desprevenidos están allí para crear obra: pintar, esculpir, filmar, ilustrar y un largo etcétera. Ellos mismos, los estudiantes, en su mayoría también piensan que debe ser así. Por eso, cuando surge en alguno la inquietud por crear espacios, gestionar lugares, llevar la obra de otros al público de distintos modos, hay aplausos, pero no se considera también un ejercicio creativo y el apoyo inicial es escaso o nulo.

Detrás del desarrollo de todos los creativos, están los lugares construidos para que se puedan desenvolver

Sin embargo, detrás del desarrollo de todos los creativos están los lugares construidos para que se puedan desenvolver. Los territorios específicos para que los creadores no vivan desterrados. Para que puedan sembrar y recoger en casa. Sin estos lugares, sin los espacios gestionados y exclusivos para su arte, no habría posibilidad subsistencia ni de progreso. Se menguarían los futuros talentos y se crearía un círculo vicioso con una pérdida en el capital cultural incalculable. Siempre será necesaria la existencia de lugares; talleres, congresos, ferias, fiestas y demás espacios dedicados al sector. Cada cual sirve para atraer y generar interacciones, que tienen siempre (siempre) repercusiones a corto, mediano y largo plazo. Se empiezan así círculos beneficiosos. Por eso hablar de los gestores, produce un interrogante que da una luz imprevista.

Gestionar es un nivel de creación que no está del todo lejos de dibujar en el papel y además tiene que ver con hacer papeles. Requiere un talento especial equilibrar con mucha creatividad la idea inicial, intención estética, el impacto buscado y el complejo desarrollo presupuestal. Que sí, aceptémoslo, necesita construirse de tal manera implique utilidades económicas.

Gestionar es un nivel de creación que no está del todo lejos de dibujar en el papel y además tiene que ver con hacer papeles. Requiere un talento especial

Por ello, después de proyectar en abstracto por meses y a veces años, un evento, una exposición, un libro, llevar a la ejecución es realmente un proceso de creación. Sin embargo, los gestores, que palidecemos con cada percance y nos alegramos con los breves éxitos, seremos al final sombras detrás de las grandes producciones que nuestros espacios albergan. No es un voto por la fama pero si por el desarrollo de los campos que pisamos y el trabajo nunca es solitario, y la satisfacción inmedible.

La invitación a todos los sectores, y con ello me refiero a los creadores, la familia, amigos, hasta las empresas públicas y privadas, es a apropiarse de estos espacios valorando su imprescindible utilidad. Participar en las actividades que ofrecen no solo sirve para garantizar su permanencia sino que permite la creación de nuevos con el fin de servir como trampolines para los creativos que vienen. Al final, es algo que a todos nos convendrá y que implica pensar el sector como una gran máquina donde cada engranaje es fundamental para garantizar la subsistencia de todos los implicados. Por ello, bienvenidos los territorios.

—¿Y tu, a qué te dedicabas? Le pregunté a Mariel
— Yo. Yo era artista plástica, pintaba. Respondió ella
— Y qué pasó. Mariel se acercó un poco más y bajó la mirada, más en gesto de revelar un secreto que de ocultar una vergüenza.
—Un día me puse a trabajar montando exposiciones y me fascinó. Llevo allí más de diez años.
—¿Te gusta este oficio, el de gestionar?
—Me encanta. Dijo. —Así sea un visible oficio invisible. 

http://www.congresofig.com/