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Una mirada cercana a la danza ‘El Torito Ribeño’ en su preparación antes de la Batalla de Flores. Ir disfrazado y una botella de ron blanco como tributo fue lo único que pidieron para que pudiera hacer parte de su danza aquel sábado de Carnaval. Viví lo que ellos viven todos los años, y por eso me trataron como un hijo más. Es difícil describir lo único de la experiencia, pero ya puedo decir que conozco un poco más del Carnaval del pueblo, el auténtico, con gente orgullosa y digna de mantener vivas sus tradiciones, desde 1878.

Agradecimientos especiales al señor Alfonso Fontalvo, a Jonathan, al Chonton, y a todos los que enriquecieron este video. Gracias por dejarme ser uno de ustedes.