Ayer fui a la calle 17 de Barranquilla, conocida por las mecedoras pechichonas y los banquitos de madera. Con esa misma madera hacen todo tipo de juguetes; mesitas de billar, camas, sillas y mesas para muñecas y todo tipo de camiones. Como diseñador me llamó mucho la atención que se mantengan este tipo de expresiones en un mundo invadido de juguetes Made in China.

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Me gusta mucho saber que todavía hay una pequeña industria de juguetes hechos en Barranquilla, e imagino cómo ayudar a que crezca en el futuro. Estos juguetes constituyen expresiones muy particulares de la vida cotidiana de sus hacedores, camiones de policía como los nuestros, buses como los nuestros, tractomulas como las que pasan todos los días por nuestras carreteras, incluso hay camiones antimotines y buses de Transmetro.

Pero lo que me dejó pensando por más tiempo fue ver a Mickey Mouse, el Hombre Araña y a Ben10 como stickers o stencils en muchos de los camiones, mecedoras o banquitos de madera. La primera reacción fue reírme hacia dentro y pensar que una cosa no pega con la otra, o que lo hacen sólo por moda.

Luego de analizarlo un poco más, llegué a conmoverme y alcancé a sentir lo que llaman el “Espíritu Navideño”.

Si yo fuera un papá de los alrededores y quisiera darle a mi hijo un juguete de moda, como los que ve en televisión, y no tengo los cien mil para comprar un muñeco de plástico en el centro comercial, un camión de madera con la insignia del Hombre Araña se vuelve una gran expresión de cariño para que mi hijo esté feliz en Navidad.

Llegué a conectarme con esa Navidad Paralela que se mantiene sin lujos en los barrios populares; la Navidad Caribe, que sin nieve, pinos o renos se mantiene. Recordé los arbolitos secos pintados de blanco y decorados, los muñecos de Año Viejo, la brisa y la música que ponemos en esta época. Entonces me recalqué a mí mismo que la Navidad, obligatoriamente, debe ser otra ocasión para afirmar nuestra identidad.

Sabrosa Navidad.