Un acercamiento a fenómenos paranomales tropicales que se disparan en esta semana. ¿Estás preparado?

La Semana Mayor o Semana Santa es tiempo de conmemoración en el mundo católico. Para otros es tiempo de descanso y esparcimiento; pero lo que muchos no saben, es que también es época de apariciones, agüeros, transformaciones, leyendas y otros fenómenos con orígenes y explicaciones tan diversas como etnias hay en el Caribe.

Viernes y Jueves Santo son fechas en las que se conmemora la traición, pasión y muerte sufrida por Jesucristo en la fe cristiana, pero también son tal vez los días del año que más concentran creencias, actividad paranormal y agüeros en el Caribe Colombiano.

Una de las más comunes creencias en estos días tiene que ver con la teriantropía, o el fenómeno de transformarse en animal. De probable origen chamánico, hoy en el Caribe sucede como un castigo divino por irrespetar espacios sagrados como el agua o los bosques.

Difundida está la creencia que todo aquel que se bañe en las aguas del mar o del río en alguno de estos días santos, corre el riesgo de convertirse en pescao, o en parte pez, como le sucedió a la Sirena de Hurtado en el río Guatapurí, en el Cesar. Algo parecido se dice de quienes suben a los árboles, que podrían transformarse en micos.

“Todo aquel que se bañe en las aguas del mar o del río en alguno de estos días santos, corre el riesgo de convertirse en pescao”

Además de la popular prohibición de consumir carnes rojas, de mala suerte se considera salir a pescar, dirigirse al monte o lucrarse de otras actividades extractivas o de corte en Jueves o Viernes Santo, con consecuencias que han sido registradas por los medios nacionales, como el pescador que capturó un pez “fenómeno” por no respetar el Viernes Santo. Algunos podrían atribuir esto a una mutación o a la contaminación de las aguas.

La cantaora Martina Camargo, oriunda de San Martín de Loba, Bolívar, nos cuenta que en su pueblo está prohibido ordeñar en Jueves y Viernes Santo. Si se irrespeta la norma, la ubre podría dar sangre en vez de leche. En consecuencia, su padre ordeñaba con anticipación y regalaba la leche en la comunidad durante esos días. Si se cortan árboles de varasanta, de papaya, entre otros, de su corteza también podría brotar sangre en vez de savia, hecho que se considera una terrible señal de mala suerte.

Martina cuenta también que no se podía sacar agua en el cerro de la Mina, porque entonces se podría escuchar un sonido aterrador de cadenas, o una aparición de la Madremonte podría llevarse al sediento.

Debido a que no se puede cortar nada y otras creencias similares, en pueblos como San Onofre, Sucre, los fogones se apagan después de 12 del día en Viernes Santo, de modo que la comida de todo el día se hace desde la madrugada. Según el periodista Martín Tapias, en Soplaviento, Bolívar sólo se come salpicón y arroz de coco, y toda la música se apaga desde el Jueves Santo a las 6 de la tarde.

En San Basilio de Palenque igualmente está prohibido bañarse en el arroyo. Se apaga la música y los palenqueros se entretienen con juegos como las barajas o el bate.

Otros fenómenos no necesariamente significan un castigo, pero sí advertencias o incluso recompensas. En Santo Tomás, Atlántico, de un árbol de mango llovieron bocachicos luego de la procesión de Resurrección. Algunos entendieron el hecho como advertencia divina, otros como buen augurio de Santo Tomás. Los científicos dan una explicación no menos sorprendente y explican que trombas y fuertes vientos pueden depositar agua con huevos de peces en hojas y techos, de donde luego podrían caer.

“En Santo Tomás, Atlántico, de un árbol de mango llovieron bocachicos”

En la película Los Viajes del Viento, de Ciro Guerra, se retrata la creencia que matar una guatapaná (el pájaro del tambor) en Viernes Santo, ocasiona que uno se vuelva un prodigio cajero de la noche a la mañana.

Otros fenómenos paranormales vienen con las procesiones. En sitios como Mompox o Tolú, se dice que los Nazarenos muertos tratan de ocupar su lugar en las procesiones, o que salen a quienes incumplen sus promesas. Para identificarlos hay que andar en grupos pares y realizar constantemente conteos de los integrantes para verificar que no haya alguno de más.

Otros suceso tan real como mágico que ocurrió en Cien Años de Soledad un Jueves Santo es la muerte de Úrsula Iguarán. Casualidad o providencia, fuera de los libros, su creador, Gabriel García Márquez dejó el plano de los vivos en un día igual.

Pero, ¿por qué se dan todos estos fenómenos y supersticiones en el Caribe y en otros lugares del mundo?

Según un estudio hecho en Australia, este tipo de creencias se disparan en todo el mundo en momentos de trascendencia que generan incertidumbres sobre el futuro, tal como la Semana Santa. “La pérdida de control hace que los humanos seamos más proclives a creer”, y creer a su vez hace que crezca la sensación de control sobre la propia vida.

“Creer a su vez hace que crezca la sensación de control sobre la propia vida”.

El filósofo Spinoza plantea: “Los hombres nunca serían supersticiosos si pudieran gobernar todas sus circunstancias mediante reglas claras o si siempre fueran favorecidos por la fortuna, pero siendo enfrentados con frecuencia a circunstancias donde las reglas no tienen uso y siendo mantenidos con frecuencia fluctuando de manera lamentable entre la esperanza y la inseguridad de la fortuna, son por consecuencia muy dados a la credulidad”, escribía en su Tratado teológico-político. Fragmento tomado de Yorokobu.

Reales o no, por nuestra condición humana está garantizado que siempre sucederán este tipo de fenómenos, y a nosotros nos encanta conocerlos por la forma particular en que la magia y la realidad se funden en el Caribe.

Aquí les mostramos sólo algunos de los que tienen lugar en nuestros pueblos durante la Semana Santa, pero seguro habrá muchos más. A lo mejor debes estar preparado por si eres testigo de algunas de estas #LeyendasdelCaribe. ¿Te ha pasado a tí? Siéntete libre de dejar tu experiencia paranomal en los comentarios.

Conoce otras creencias de Semana Santa, aquí.